Por Briana Méndez-Padilla
Un año tras la difícil decisión de cancelar la celebración debido a las redadas de inmigración, la Guelaguetza anual organizada por la Organización Regional de Oaxaca (ORO) regresó a Inglewood el pasado 23 de agosto.
El parque Edward Vincent Jr. se llenó una vez más con el sonido de los instrumentos de metal y de viento, mientras oaxaqueños de todas las edades se dispersaban por las gradas del coliseo para disfrutar de las actuaciones de baile. Algunos llegaron preparados con sombrillas y gorros, otros utilizaron un ejemplar del periódico Impulso para protegerse del sol abrasador de agosto.
Había puestos de artesanías, desde joyería de chaquira y ropa bordada hasta imanes y llaveros de barro y muñecas de trapo. La gente podía refrescarse con una nieve o agua fresca y reponer fuerzas con un surtido de antojitos oaxaqueños incluyendo tacos, tamales y tlayudas.
Dos jóvenes oaxaqueños, Andy Santiago y Leilany Velasco, estaban sentados en sillas de jardín bajo un pequeño árbol, tratando de evadir el sol. Santiago estaba allí para apoyar a su hermano, que estaba bailando, y Velasco para apoyar a su antiguo grupo de baile.
“Mostrar tu cultura a otras personas que tal vez no la conocían se siente como una celebración para todos, y todos nos sentimos conectados”, dijo Santiago.


La danza fue la parte favorita para muchos asistentes, quienes se deleitaron al ver los bailes tradicionales de sus pueblos; el baile Flor de Piña y la Danza de la Pluma fueron algunos de los favoritos de la gente.
Mauro Hernández, actual presidente de la Organización Regional de Oxaca (ORO), destacó la importancia de representar a todas las regiones de Oaxaca en los bailes, para lo cual colaboraron la comunidad mixe de Tamazulapam, los grupos folclóricos Huaxyacac y Princesa Donají y el ballet folclórico Nueva Antequera, acompañados musicalmente por la Banda Alebrijes y la Banda Reflejo de Oaxaca.
El enfoco en la autenticidad oaxaqueña fue un pilar para la organización del evento, comentó Hernández a Impulso.
“Procuramos que todo el evento sea lo más oaxaqueño posible, no nos salimos de ese estándar de que sea 100% oaxaqueño”, dijo Hernández.
Durante la ceremonia festiva, el Cónsul General de México en Los Ángeles Carlos González Gutiérrez dio reconocimiento a la mesa directiva de ORO por su trabajo amplificando la cultura oaxaqueña por más de 30 años.
“Es un motivo de orgullo que los oaxaqueños sean tan preocupados por transmitirle a sus hijos y sus nietos las tradiciones que les da identidad y particularmente emocionante ser testigo en el exterior de cómo las fronteras no importan para proteger la belleza de la cultura más allá de nuestro territorio nacional”, dijo González.


La Guelaguetza de Los Ángeles comenzó como un pequeño evento en el parque Normandie en 1988 y, desde entonces, ha ido evolucionando y creciendo. A lo largo de las últimas tres décadas, la celebración sólo se ha cancelado por razones de fuerza mayor. La primera vez fue por la pandemia de Covid-19 en 2020 y, por segunda vez, el año pasado, debido a las redadas de las autoridades de inmigración que aterrorizaron a las comunidades migrantes de todo el condado.
Sin embargo, las secuelas de esta última situación se hicieron sentir en el regreso de este año.
Una joven zapoteca, conocida como Sweetz, contó que algunos de sus familiares, que por lo general asisten a la Guelaguetza, decidieron quedarse en casa. Ella lleva años asistiendo al evento y señaló que este año hay considerablemente menos gente.
“Fue realmente lamentable verlo, porque hace dos años todo estaba repleto. Esta vez todavía hay mucha gente, pero había mucha más antes de que las redadas del ICE se desataran con tanta intensidad”, dijo.
Nataly Guerrero asistió con su mamá y su abuela, quienes mencionaron que la amenaza de la inmigración era sin duda una preocupación, pero decidieron confiar en que la situación está un poco más bajo control.
“Sé que mucha gente decía que había una razón por la que [el evento] se pospuso hasta esta fecha. Y simplemente se siente más seguro ahora”, dijo Guerrero. “[Las medidas de control] son más específicas que las redadas [aleatorias], así que nos sentimos más seguras al salir en este momento.”


Manteniendo la conexión a Oaxaca
Para oaxaqueños de todas las generaciones, la Guelaguetza ha representado un vínculo con Oaxaca que trasciende las fronteras.
“Es como revivir algo de allá, de Oaxaca. No podemos estar allá, pero lo vemos aquí,” dijo Esperanza Pérez, una oaxaqueña de la comunidad zapoteca de Villa Díaz Ordaz en Tlacolula, quien asistió con su esposo e hijo.
Para ella, la Guelaguetza es una gran oportunidad para rodearse de artesanías, gastronomía y bailes que transmiten la autenticidad de Oaxaca. También es una ocasión para encontrarse con conocidos y disfrutar del aire libre.
“Nos sentimos como si estuviéramos en nuestro pueblo con la banda, los bailes y todo”, dijo Mabel Ramírez, quien se sintió transportada a cuando tenía 10 o 12 años, en la Calenda de su pueblo natal, Loma Bonita, Oaxaca.
Asistió con su vecina y amiga de muchos años, Oliva Ruiz. Ruiz es de Santiago Matatlán (llamada la cuna del mezcal), pero ha estado compartiendo su cultura y tradiciones con Ramírez, a quien le gusta aprender sobre pueblos diferentes al suyo.
Otilia Juan Cortés ha vivido en Estados Unidos durante casi 38 años, y aunque está agradecida por las oportunidades que este país le ha brindado, asistió a la reunión del domingo porque extraña a su pueblo.


“Estoy aquí para poder recordar”, dijo Cortés. “Esta guelaguetza para mí es vivir sintiendo que estoy en Oaxaca. Es algo hermoso saber de qué cultura venimos y qué experiencia tenemos tanto del pasado como del presente”.
Cortés está muy orgullosa de sus raíces y espera que eventos como la guelaguetza sigan enseñando los valores a los jóvenes y que estos puedan tener su propia experiencia con Oaxaca.
Andrew García, quien creció pasando tiempo tanto en Estados Unidos como en Oaxaca, compartió este sentimiento.
“Me gusta ver a los oaxaqueños reunirse todos en un lugar específico y mostrar sus bailes tradicionales y esas cosas. Y como algunos de estos chicos no van a Oaxaca, por fin pueden experimentar aquí, en Estados Unidos, lo que se están perdiendo en Oaxaca”, dijo.
Pero no son solo oaxaqueños nacidos en Estados Unidos quienes no han vivido la experiencia de Guelaguetza en Oaxaca; Sweetz destacó que el evento en Oaxaca puede resultar inaccesible para algunos, incluyendo ella. Ella es de San Juan Luvina, que se encuentra a cuatro horas de distancia a la ciudad de Oaxaca.
“Es muy difícil conseguir transporte. Las entradas son difíciles de obtener. Así que uno se pregunta: ¿a quiénes nos dirigimos? ¿Es realmente una representación para la gente o para los turistas?”, dijo. “Pero he podido venir aquí durante los últimos dos años, y es una buena manera de ver qué tan grandes seguimos siendo aquí y cómo compartimos espacio unos con otros”.
Otra sorpresa especial, directamente desde Oaxaca, fue la Costa Mía Orquesta.
Fundada en 2015, la Costa Mía Orquesta cuenta con 11 años de trayectoria compartiendo la música de la costa por todo el estado de Oaxaca y México en general. En Estados Unidos, han tocado en Chicago, San Francisco y Los Baños, antes de ser invitados a tocar en la Guelaguetza de este año en Los Ángeles.
“Es un logro que hemos estado persiguiendo, y muy importante para nosotros, porque nos permite conectarnos con la gente que, desafortunadamente, ha tenido que dejar su lugar de origen en busca de mejores oportunidades, pero que extraña estar con nosotros celebrando”, dijo Javier Revilla, director musical, arreglista y bajista de Costa Mía.
Revilla se unió al grupo hace ocho años y, además de tocar, ha colaborado como archivista para preservar las partituras. Explicó que la orquesta costeña es diferente porque cuenta con menos integrantes que una banda filarmónica, y que, lamentablemente, en la región costera de Oaxaca no existe una cultura musical similar a la de la Sierra Norte, donde hay escoletas y academias que forman a las próximas generaciones de músicos.


“Todo es más tradicional, más de fiesta, más de improvisar un poco, tal vez. Entonces esto también ha dado pie a que algunas piezas tradicionales, chilenas, sones, se vayan perdiendo”, dijo.
La orquesta ha creado un archivo de la música de la costa, tanto tradicional, de fiesta, como también de la música popular como cumbias y charangas. Esto tanto para poder preservarla para futuras generaciones como para poder llevar la música costeña a escenarios donde antes no se había presentado, enfatizó Revilla.
Al culminar el programa cultural, fue turno de la comunidad para subirse al escenario y bailar. Esto fue intencional, dijo Hernández.
“Creo que estamos viviendo un momento muy estresante, un momento de mucha tensión, un momento donde la gente tiene problemas de estrés, causado por los problemas políticos, los problemas económicos, y creo que vale la pena que la gente tenga un momento de relajamiento a través del baile”, dijo Hernández.
Briana Méndez-Padilla es becaria de California Local News reportando para Impulso.


