byMey Lyn Mitteenn, / Metro
La Línea D de Metro recibió a sus primeros pasajeros hace unos días pero aún siguen apareciendo en las redes sociales fotos de las nuevas estaciones, de las obras de arte y de las experiencias de los usuarios. Dentro de esos recuerdos, una imagen se destacó: la de un niño que durante la inauguración sostuvo un letrero en honor a su padre.
“Detrás de este momento están todos los abrazos de buenas noches que me perdí con mi papá. Yo soy el hijo orgulloso de un operador de trenes de prueba”.
Ese niño es Martín Macias III, el hijo de 11 años del operador de trenes de Metro, Martín Macias Jr. El día de la inauguración, la gente sonriente se detuvo a mirar el letrero y le tomaron fotos. Para muchos, fue un momento conmovedor que les recordó la humanidad que hace funcionar a las agencias gubernamentales.
Para la familia Macias, aquello representó meses de turnos nocturnos, de salidas familiares perdidas y de un padre que ayudó a preparar la extensión de tren más reciente de Metro antes de que los pasajeros siquiera pudieran subir a bordo.
Martín es operador de trenes de las Líneas B y D. Y antes de que la extensión de la Línea D abriera al público, formó parte del equipo que se encargó de probar los trenes a lo largo del nuevo tramo. Durante meses, su horario de trabajo fue de 6:00 p.m. a 6:00 a.m., ya que las pruebas debían realizarse sin interrumpir el servicio diurno habitual. Eso significaba que cada día mientras su familia se preparaba para descansar, Martín estaba en el trabajo.

Para el padre, el gesto fue emotivo. “Cuando abrí mi teléfono y vi su foto, se me llenaron los ojos de lágrimas”, comentó. “Me detuve a atesorar ese momento. Él estaba en la estación Wilshire/Fairfax celebrándome y expresando que se siente orgulloso de mí. Eso fue muy gratificante”.
Durante las pruebas, Martín y otros operadores verificaron muchos de los sistemas que los pasajeros no ven a diario: las señales, la velocidad de los trenes, las comunicaciones, las alarmas, las aproximaciones a las estaciones y los escenarios de emergencia.
El trabajo también implicó probar las distancias de frenado, los sistemas de ventilación de emergencia, los sensores de seguridad de las puertas y la comunicación con el Centro de Operaciones de Tren de Metro. Los operadores evaluaron cómo los trenes se comportaban en las curvas y cómo se alineaban con las plataformas, al tiempo que se familiarizaban con el nuevo equipo y los procedimientos de emergencia antes de que comenzara el servicio.
Las pruebas también supusieron prestar mucha atención a los sonidos, como vibraciones, chirridos y la interacción entre las ruedas y las vías, y todo aquello que pudiera afectar la futura experiencia de los pasajeros. ‘Tuvimos que prestar mucha atención a los detalles”, afirma Martín. “El objetivo era asegurarnos de que todo fuera seguro para el público”.
El camino de Martín hacia el mundo de los trenes comenzó de manera inesperada. Originalmente, tenía la intención de postularse para Metro Micro, pero accidentalmente envió una solicitud para convertirse en operador de autobuses. Decidió continuar con el proceso y comenzó en la División 1 como operador en las líneas de autobús de Metro 18, 62 y 66.
En 2023, pasó al sector de trenes e inicialmente operó el tren ligero de la Línea A, antes de pedir su cambio a la División 20, donde posteriormente se certificó para operar el tren subterráneo en las Líneas B y D. La transición entre sistemas requirió capacitación adicional, estudio y aprendizaje de diversas normas y responsabilidades.
“Es un trabajo muy gratificante ayudar a la comunidad a desplazarse del punto A al punto B”, afirma Martín. “Me hace sentir parte de la mejora y el progreso”.
Pero, al igual que muchos trabajos, esta labor también conlleva sacrificios. Las largas jornadas y los variados horarios propios de este empleo se volvieron aún más reales cuando Martin leyó las palabras escritas en el letrero de su hijo, especialmente la parte referente a los abrazos que se había perdido. “Me dolió”, dice. ‘Sé que todo niño necesita a sus padres, pero cuando veo la sonrisa en su rostro, sé que todo vale la pena”.
En casa, Martín y su hijo pasan juntos todo el tiempo que pueden. Juegan a los videojuegos, arman figuras de Lego y son fans de los Dodgers. Sin embargo, una de las cosas que Maríin más valora es conversar con su hijo.

Martin III se encuentra en el espectro autista y recibe terapia del habla, algo que, según su padre, ha hecho que las conversaciones sean especialmente importantes en casa. “Soy un tipo de padre que tiendo más a hablar con mi hijo y preguntarle sobre su día y sobre cómo está gestionando sus emociones”.
Martin comenta que su familia —especialmente su hijo y su esposa, quien fue su novia desde la secundaria— lo mantiene motivado durante sus largos turnos de trabajo. “Mi esposa es mi roca y cuento con un equipo de apoyo increíble”. Si hay algo que desea que su hijo sepa, es que lo ama y que todo lo que hace es por su familia.
Y fue a medida que su hijo comenzó a comprender las razones detrás de las largas jornadas laborales de su padre, que el pequeño Martín quiso mostrarle su reconocimiento. ” Mi papá lleva a la gente por todo Los Ángeles”, dice. “Les ayuda a llegar a sus trabajos y a desplazarse de manera segura. Estoy orgulloso de él y creo que es genial en Metro”.
Añade que su mamá le ayudó con el letrero y que su parte favorita del día de la inauguración fue viajar en el primer tren y ver a tantas personas entusiasmadas por utilizar el transporte público. “Me encanta Los Ángeles y creo que los trenes son fantásticos. Gracias a mi papá tengo la oportunidad de formar parte de ambos”.
Para Martín, ver a su familia recorrer la extensión tras meses de pruebas hizo que su trabajo se sintiera completo.


Durante los meses de pruebas, observó a través de las ventanillas del tren cómo las estaciones iban tomando forma poco a poco: una obra de arte inconclusa un día, un nuevo detalle añadido al siguiente. Ver a los pasajeros recorrer finalmente esas mismas estaciones resultó gratificante. “Ver todos los murales terminados, el trabajo de los suelos, cada detalle… fue muy bonito”, comenta.
Asimismo, operar la extensión para el público por primera vez fue una experiencia distinta a la de las pruebas. “Me estresé un poco”, dice Martín. “Tenía miedo de cometer un error y pasarme de largo una estación, pensando que todavía estábamos en la fase de pruebas y olvidando que las estaciones ya estaban operativas”.
Pero una vez que se disiparon los nervios iniciales, la emoción tomó el relevo. “En definitiva, fue una experiencia genial”, afirma. “Cuando regresé a Union Station y vi a toda esa gente feliz esperando el tren en cada parada, sentí que todo salió muy bien”.
Martín se toma su trabajo muy en serio porque piensa en su mamá quien también utiliza el transporte público. Por ello, sabe que cada pasajero a bordo es el padre, el hijo, el amigo o el vecino de alguien.
“Comparo mi trabajo con estar al mando de un barco”, dice. “Yo soy el capitán y el responsable de todos los que van a bordo. Asegurarme de que todos lleguen a su destino es mi responsabilidad”.
Y, al igual que Martín, muchos operadores dedicaron largas horas a ayudar en los preparativos para la apertura de la extensión de la Línea D, mucho antes de que los trenes abrieran sus puertas al público. ¡A todos ellos, Metro les extiende un enorme GRACIAS!
Para Martín, este proyecto fue mucho más que simples estaciones y vías nuevas: fue ser parte de la historia.
“Hoy, mi hijo puede señalar las estaciones y decir: “Mi papá formó parte de eso””.

