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Indigencia en Los Ángeles: Crisis humanitaria sin resolver

Por: Alicia Alarcón

Para muchas personas, los indigentes que pululan, cada vez en mayor número, por las principales calles de la ciudad de Los Ángeles, son seres destinados a vivir entre la basura y el infortunio como castigo por los excesos cometidos en sus vidas anteriores. Interferir en su rutina es, para ellos, tratar de cambiar lo inevitable. ‘Su destino ya viene marcado’.

Para otros, ¨La miseria que los rodea es porque son holgazanes . Viven sí porque quieren¨.

Afortunadamente, para la mayoría de los habitantes de la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos (4 millones) el fenómeno de la indigencia tiene solución.

Periodista, analista y columnista Alicia Alarcón.

Tiene que ver con recursos, con darle al gobierno de la ciudad los millones o billones que necesite para que en un tiempo razonable les provea a todos esos desdichados un techo y enseres básicos para su digna subsistencia y así terminar de una vez y para siempre con el problema.

En la democracia, todo es posible y los ciudadanos decidieron en el 2016 aportar 1.2 billones de dólares para ese propósito a través de la Proposición HHH. Todo sería ahora cuestión de tiempo.

Con esos fondos y una buena administración liderada por un alcalde honesto, carismático, compasivo como es Eric Garcetti, la indigencia sería en muy poco tiempo, parte del pasado de una metrópoli próspera e innovadora, como es Los Ángeles.

Los resultados hasta ahora, decir “decepcionantes,” es utilizar un adjetivo generoso. Las buenas intenciones de Eric Garcetti han sido rebasadas por los embrollos y los laberintos de una burocracia que no ha sabido, ni ha podido, o tal vez, ni se le ha ocurrido desmantelar.

Steve López de Los Angeles Times afirmó en una de sus columnas que sólo el año pasado la administración de Garcetti gastó 600 millones en una población de indigentes que empezó siendo 50 mil y aumentó a 60 mil.

Personas que no tienen más vivienda que una casa de campaña y por vehículo un carrito de mercado donde caben todas sus pertenecías, sujetas a ser decomisadas por la policía si se descuidan.

Aquí cabe un reporte en aras de la transparencia, que señale en que rubros se fueron los cientos de millones de dólares que si se hubieran repartido en 50 mil desamparados, a cada persona le hubieran tocado 12,000 dólares.

Una cantidad suficiente para mudarse a un departamento, comprarse un carro y hasta para irse a otra ciudad más generosa en vivienda y trabajo.

El dinero ya se gastó, los indigentes son ahora más que antes y ninguno de los políticos que representa diferentes áreas de Los Ángeles se atreve a encarar el problema de frente. Alcaldes van, alcaldes vienen, concejales van, concejales vienen y todos voltean a ver a otro lado frente a lo obvio:

Un porcentaje considerable de indigentes son enfermos y enfermas mentales que de ninguna manera deben andar por las calles. Son los más indefensos entre los indefensos. Mujeres y hombres desconectados de la realidad que sufren de vejaciones y abusos cada noche en manos de seres sin escrúpulos.

Una sociedad que se considera humanitaria jamás se va a oponer a la idea de que a estas personas se les interne en una institución donde se les cuide, alimente y proteja.

Con 100 millones de dólares se hubiera construido la más moderna y amigable institución para ellos. Lo que le sobra a la ciudad son terrenos. Y si no lo tiene, el dinero fue más que suficiente para adquirirlos.

Los concejales, por su parte, han mostrado muy poca preocupación por la suerte de esos infelices, a ellos les preocupa su reelección y manifestarse en favor de construcción de viviendas en su área para esas personas equivale a disgustar a “los buenos ciudadanos” y poner en peligro su carrera política.

La solución está en manos de Garcetti.

Si el Alcalde Garcetti quiere realmente solucionar el problema de la indigencia vergonzosa que prevalece en la ciudad más poblada del Estado de California, debe ejercer su liderazgo y olvidarse de querer quedar bien con todas las agencias de la ciudad y del condado que se pelean por los presupuestos y al final poco queda para los afectados.

En lugar de gastar en el ejército de encuestadores y trabajadores sociales que de manera minuciosa y precisa registran el número de adictos, enfermos mentales y familias que se quedaron sin casa por razones económicas, el Alcalde debe invertir en apoyos directos a los afectados que tengan uso de razón y los que ya la perdieron deben de ser recluidos con cargo al Estado en instituciones para enfermos mentales. Así lo hacen en otros países desarrollados.

El Alcalde también debe de exigirles a los concejales, que de manera muy conveniente se hacen los disimulados a la hora de apoyar para que se construyan viviendas para personas sin hogar en sus áreas, un compromiso formal de asignar un porcentaje de nuevas viviendas que se construyan con el fin de albergar a los que ahora se encuentran viviendo en las calles.

Durante décadas, los concejales han mostrado muy flaco liderazgo en sus áreas al ser intimidados y amedrentados por un grupo mínimo de vecinos que ven como una amenaza a su estilo de vida, cualquier edificio construido para fines humanitarios. Es decir, proveer vivienda a familias que por razones económicas perdieron su casa.

Un buen comienzo sería llevar a una institución mental a las miles de personas que han perdido la razón y que son presas fáciles de los más terribles actos de crueldad, incluyendo el asesinato. Sólo el año pasado, 900 indigentes fueron asesinados.

El tiempo de las excusas y las explicaciones se terminó. Los residentes de Los Ángeles exigen ya acciones concretas de su gobierno local. Por ahora esas acciones han brillado por su ausencia.

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