sábado, mayo 23, 2026
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La lucha por preservar una cultura ancestral

  • Hasta el más duro sacrificio se convierte en alegría para Ofelia Guzmán y Adriana Vargas de la comunidad de YEB.

Por Myriam Reyes

Los Ángeles, Ca.- La pasión y el amor por la belleza de su cultura ancestral oaxaqueña es lo que tienen en común Ofelia Guzmán de 78 años de edad y Adriana Vargas de 52 años, quienes coincidieron en comentar que más que un sacrificio es un privilegio, un orgullo y algo que les trae mucha felicidad a sus vidas: ser partícipes en la difusión de su arte, sus tradiciones y costumbres a los jóvenes y a las futuras generaciones.

La señora Ofelia Guzmán, quien toca el saxofón en la Banda de Música de viento de Yatzachi El Bajo (YEB) en entrevista con el periódico Impulso reveló que a los 12 años de edad sus hermanas se la llevaron a vivir a San Antonio, Texas donde ellas vivían para que pudiera seguir con sus estudios ya que en su pueblo San Baltazar Yatzachi sólo había escuela hasta el 4o. año de primaria.

 En 1959, una vez que llegó a  Estados Unidos, la patrona de una de sus hermanas la envió a estudiar a dos diferentes internados con niños mexicoamericanos, por lo que ahora puede hablar inglés, español y zapoteco.

“Me siento muy afortunada porque puedo hablar mi lengua indígena, español e inglés, además de que contaba con mis documentos legales de estudiante porque en ese tiempo nos ayudó la jefa de mi hermana y después me hice ciudadana”, comentó. “Con el tiempo nos venimos a vivir a Los Ángeles donde terminé de estudiar la preparatoria”.

También compartió que entre ella y sus hermanas hablaban en zapoteco todo el tiempo para conservar su lengua indígena, además agregó que ella siempre había tenido amor por la música y su cultura porque sus padres y abuelos habían sido músicos.

Ofelia mencionó que estando en este país se reencontró con su paisano Zacarías Guzmán con quien se casó y tuvieron gemelos, Ben y Ali, quienes ahora tienen 53 años y ya son padres de familia.

Admitió que aunque sus hijos solo hablan algunas frases en zapoteco, también les inculcaron el amor por sus orígenes, la música y su cultura, aunque agregó; “no fue nada fácil”.

“Cuando mis niños tenían la edad de 11 años se vino el problema de las pandillas muy serio, muy grave en Los Ángeles era la década de los 80’s”, recordó Ofelia. “Los cholos se venían a parar enfrente de la casa y todos vendían drogas y usaban un árbol viejo y los tubos del enrejado para esconderlas, y no podíamos hacer nada, ni llamar a la policía porque escondían todo”.

“Entonces para proteger a nuestros hijos y mantenerlos fuera de los problemas de pandillas, un grupo de paisanos decidimos crear un grupo de música para que estuvieran ocupados al mismo tiempo que aprendían más de nuestra cultura”, explicó. “En ese tiempo al igual que mi esposo yo trabajaba, pero con una agencia que conseguía empleos temporales”.

Fue así que su esposo Zacarías que había estudiado música en México empezó a tratar de formar la Banda Yatzachi El Bajo en la década de los 90’s;  logrando ponerse en contacto con Alberto Montellano un profesor de música del pueblo Villa Hidalgo Yalala de la Sierra de Oaxaca, quien lo ayudo en sus inicios y había sido anteriormente el instructor de sus hijos.

“El grupo se formó aquí con unas personas que habían sido músicos en nuestro pueblo”, reveló Ofelia y agregó que su esposo y sus hijos se iban a practicar música los sábados y domingos, y a veces lo hacían entre semana cuando tenían que ensayar más por alguna presentación, “todos estaban muy emocionados porque en ese tiempo no había ninguna banda de música de viento”.

“Empecé a relacionarme con la música con mi esposo y mis hijos,  pero cuando ellos comenzaron a irse a los ensayos y a las presentaciones me quede sola en la casa”, afirmó. “Entonces me dije que hago aquí si mi papá y mi abuelito también fueron músicos, fue así que me decidí; fui a verlos y a escucharlos hasta que empecé a tomar clases y me gustó”.

Ofelia Guzmán promueve con orgullo su talento musical y su cultura ancestral.

Ofelia, quien aprendió a tocar el saxofón a alrededor de los 30 años de edad y ha estado con la banda desde su creación hace 36 años, dijo que una vez que sus paisanos supieron de su existencia empezaron a invitarlos a tocar en eventos culturales en diferentes localidades de Texas, Denver, Arizona y California, y después en La Guelaguetza cuando comenzaron a realizarse esos festivales.

“Esa fue una manera de tener a toda la familia unida”, aseveró. “Y a los niños y a los jóvenes de la comunidad los pudimos mantener seguros y a salvo de los problemas de las pandillas porque siempre estaban ocupados, estudiando o con la música y a través de ella también aprendían a querer nuestra cultura”.

Por su parte, Zacarías Guzmán recordó que al principio Ofelia era parte del grupo de mujeres que cocinaba los alimentos para los músicos, los días que ensayaban que eran sábados y domingos, pero al poco tiempo dejó de hacerlo para dedicarse a tocar el saxofón, instrumento que eligió después de que uno de sus hijos lo dejó para tocar otro.

También resaltó que ha sido una batalla constante y mucho sacrificio mantener la banda en operación en forma ininterrumpida ya que es difícil conseguir maestros y un director para la banda que conozcan de música de viento, sin contar que los jóvenes una vez que aprenden a hacer música solo se quedan por un espacio de tiempo porque sus obligaciones en la Universidad o en el trabajo los lleva a abandonar este oficio.

Por tal motivo, señaló es un reto y una lucha constante mantener funcionando la Banda Yatzachi El Bajo, pero al mismo tiempo aseguró que es un gusto y un orgullo contribuir a preservar la cultura oaxaqueña y su música para las futuras generaciones, además de que eso los ayuda a mantener a los jóvenes fuera de los problemas.

En entrevista por separado, Adriana Vargas expresó que le gusta ayudar a su esposo Eddie Vargas, quien es el director de la banda.

A Vargas le da mucha alegría promover las tradiciones y costumbres de sus ancestros e incluso tiene recuerdos bonitos de cuando fue miembro del grupo folklórico de danza Huaxyacac, por alrededor de 6 años.

“Para nosotros que estamos lejos de donde nacimos es muy importante mantener nuestras tradiciones y costumbres”, afirmó. “Porque es algo que recordamos con mucho cariño y queremos que nuestros hijos y las nuevas generaciones que nacen aquí, sientan ese cariño por lo nuestro, por la música, las danzas y la comida.

Dijo que de esta manera los niños se empiezan a acostumbrar y cuando van a Oaxaca sienten que pertenecen a la comunidad porque participan en sus actividades.

También indicó que la gente mayor que no puede ir a sus lugares de origen tienen la oportunidad de seguir disfrutando y compartiendo de sus tradiciones y creencias. “Creo que la parte cultural es muy significativo para todos nosotros”, afirmó.

Al preguntársele cómo ha sido mantener esas actividades y que sus hijos y los jóvenes se mantengan interesados en ellas, Adriana respondió: “Es muy difícil, porque en la actualidad ellos nacieron y viven aquí, entonces se sienten estadounidenses y agarran las costumbres de aquí, y tratar de impartirles nuestra cultura no es tan fácil. No todos quieren participar en la música o en el baile, o tal vez lo hagan de chicos pero cuando crecen se alejan porque empiezan a ver otras cosas con las amistades, con la escuela, con el trabajo, entonces ellos buscan la manera de encontrar de donde son, aunque los padres siempre están allí tratando….”.

“Y mantener el idioma español o indígena es todavía más difícil”, resaltó. “Porque en mi caso, por ejemplo, cuando mis hijos estaban creciendo yo estaba aprendiendo inglés entonces yo era la confundida por tratar de hablar los 2 idiomas y mis hijos hablaban poco español porque no les inculcamos eso, al final cada uno lo aprendió (el lenguaje de Cervantes) por su propia cuenta pero no lo hacen como yo quisiera”.

“Pero eso sí, cuando mis 3 hijos eran chicos (Heriberto Vargas III, Ana Patricia y Ricardo de 28, 26 y 24 años respectivamente) los llevábamos a Oaxaca y a todos los eventos culturales”, aseveró Adriana.

La madre oaxaqueña comentó que para apoyar a su esposo y al grupo de música ayuda a realizar ferias o kermeses o ventas de comidas para obtener recursos económicos para que la banda pueda seguir operando o adquirir instrumentos musicales.

Afirmó que esas labores son muy difíciles, tomando en cuenta que tiene 2 trabajos, uno de noche como asistente de enfermera, y de allí se va a trabajar en una escuela, “entonces el tiempo que tengo para dormir es muy poco, pero lo que me gusta es participar con la comunidad, eso me hace muy feliz aunque con todo lo que está pasando con las redadas, no hay eventos porque la gente tiene miedo y no quiere llamar la atención”.

“Entonces sí, a veces, es un sacrificio pero no estoy obligada a hacerlo, más que todo lo hago porque lo disfruto”, enfatizó Adriana. “Hemos tratado de inculcar a nuestros hijos el amor por nuestras tradiciones”.

Banda Yatzachi El Bajo (YEB), una de las bandas oaxaqueñas de viento más tradicionales en California. Foto/cortesía Ofelia Guzmán.

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