Por Briana Méndez-Padilla
MacArthur Park estaba a rebosar el viernes por la mañana, con organizaciones sindicales, líderes religiosos, grupos defensores de los derechos de los inmigrantes y organizaciones comunitarias preparándose para la manifestación y la marcha de May Day (Primero de Mayo).
El aire olía a salvia quemada mientras la gente terminaba de hacer carteles, montaba pancartas y repartía folletos y material informativo.
Cada año, el primero de mayo, los trabajadores de todas partes del mundo se unen para celebrar el Día Internacional de los Trabajadores con un día de conmemoración y manifestaciones. La coalición de May Day en Los Ángeles estaba pidiendo una huelga general, bajo el lema “Solo el pueblo lo frena: ni trabajo, ni escuela, ni compras”.
“En este Día Internacional de los Trabajadores luchamos por más”, exclamó Yvonne Wheeler, presidenta de la Federación Sindical del Condado de Los Ángeles, antes de la marcha. “Más dignidad, más justicia, más oportunidades y una posibilidad real de que las familias trabajadoras prosperen.”
También se hizo hincapié en la necesidad de continuar con esta labor de defensa durante la temporada electoral.
“Hoy luchamos en las calles, pero mañana lucharemos en las urnas porque fuera estos canallas, fuera Trump y fuera toda esta gente que nos está destruyendo”, dijo Angélica Salas, la directora ejecutiva de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrants (CHIRLA por sus siglas en inglés).
Hacia las 11 de la mañana, cuando comenzó la marcha, miles de personas ya habían llenado las calles que rodean el parque.

La marcha representaba varios temas. Fue un homenaje a los líderes sindicales que en el pasado contribuyeron a garantizar derechos como la jornada laboral de ocho horas, y un llamado a la acción para seguir defendiendo a los trabajadores.
La interseccionalidad entre la inmigración y el trabajo también fue un tema central, ya que los migrantes constituyen una gran parte de la fuerza laboral de este país.
“Al final del día los derechos de cada trabajador son los derechos de cada inmigrante. Entonces con eso nos unen. Cada uno de nosotros es un trabajador y cada uno de nosotros tenemos derechos como seres humanos”, dijo Flor Melendrez, directora ejecutiva de CLEAN Carwash Worker Center. Su organización ha estado apoyando y abogando por los trabajadores de car washes, quienes desde el año pasado han sido afectadas por las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés).
Los participantes exigían varias demandas, las cuales se reflejaban en sus pancartas. Pedían que el ICE se retirara de Los Ángeles, mayores protecciones para los inmigrantes y los jóvenes LGBTQ+, y mostraban su solidaridad con los trabajadores de todos los sectores.
“Cuando el pueblo se une, el gobierno tiembla,” leía una pancarta. “Pagamos impuestos, pero no nos reconocen” y “un mundo sin fronteras” leían otros.
La magnitud de la marcha abarcó toda la calle y a su paso, varios espectadores—desde peatones hasta empleados de hoteles y tiendas—los vitoreaban.


Kuali Aleman y otras tres chicas se encontraban frente a una tienda cerca de 3rd Street, con camisetas en las que se leía “indígena” debajo de la palabra “inmigrante” tachada, pompones y un cartel que decía “reconecta con tus raíces indígenas”.
“Nos dicen que somos ilegales, pero esta es nuestra tierra, y estábamos aquí antes que los Estados Unidos”, dijo Aleman. “Estábamos aquí antes de los muros fronterizos, y estábamos aquí antes que nadie más”.
Su compañera Chavela Navarro destacó la importancia de defender también a las comunidades indígenas en México.
“[Los pueblos indígenas mexicanos] sufren una discriminación racial constante. Representamos a las personas que son las creadoras de esa tierra, creadoras de esa cultura y creadoras de todo lo que conocemos y amamos de México”, dijo.
Marchantes caminaron un poco más de dos millas desde MacArthur Park al Gloria Molina Grand Park, donde la marcha se convirtió en un evento comunitario, con vendedores de comida y actuaciones musicales.
La concejala del primer distrito, Eunisses Hernández, compartió unas palabras.
“Este movimiento siempre ha pertenecido a la gente trabajadora, a quienes se levantan temprano, trabajan todo el día y mantienen todo en marcha en esta ciudad y en este país”, dijo Hernández. “La verdad es que nada funciona sin los trabajadores, sin los inmigrantes. Y solo cuando realmente nos unamos, podremos exigir un futuro tan bueno como el prometido”.

La cultura, arte y protesta
La demostración del viernes también ejemplificó el arte como protesta. En MacArthur Park, había varias instalaciones que invitaban a la comunidad a pintar y dibujar en apoyo a la causa. Múltiples organizaciones crearon pancartas enormes y detalladas, algunas incluso marionetas gigantes que desfilaban junto a ellos.
Entre pancartas y consignas, la música también fue constante.
Los Jornaleros del Norte trajeron las cumbias con mensaje. Entre covers de canciones como “La Jaula De Oro” de Los Tigres del Norte y sus canciones originales, la música hizo bailar a la gente, y la letra transmitía el mismo mensaje que los manifestantes: los trabajadores y migrantes se merecen dignidad y respeto.
Creado en el 2001, el grupo musical ha estado tocando en protestas y demostraciones desde su inicio. Sus canciones hablan sobre la experiencia de jornaleros y de migrantes.
“La música motiva a nuestra gente para seguir luchando”, compartió el saxofonista Benito Colop.

La organización de Comunidades Indígenas en Liderazgo (CIELO), trajo la música y cultura oaxaqueña a la protesta. Mientras una banda tradicional de viento tocaba sones oaxaqueños, otros miembros se turnaban para cargar una marmota con las palabras “Viva Oaxaca y Viva Los Trabajadores.”
“En Oaxaca y en las comunidades indígenas en general la música está ligada a las raíces de los pueblos, entonces en México y en todas partes, donde hay una protesta, siempre hay música”, dijo Luis López Reséndiz, el director de operaciones de CIELO.
Los oaxaqueños son un bloque cultural y económico muy importante para el condado y el país y se debe respetar como tal, comentó Reséndiz.
La oaxaqueña Martha Eliza Cruz compartió un poema que reflexionaba sobre la importancia de re-conectar con aquellos que lucharon antes de ahora, e inculcar la lucha en las siguientes generaciones. Cruz dijo que participar fue una oportunidad de recobrar su voz como mujer migrante y amplificar su cultura.
“Es muy importante salir a las calles y gritar quiénes somos y qué somos. No queremos que alguien más nos diga quiénes somos nosotros”, dijo Cruz.
Briana Méndez-Padilla es becaria de California Local News reportando para Impulso.




