martes, octubre 27, 2026
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Usted que puede votar, vaya y vote. No se haga

Por Gabriel Lerner*

Desde el 5 de octubre se puede votar en California—votación temprana o adelantada—para las elecciones nacionales de medio término del 3 de Noviembre. 

Y usted, que puede votar, representa a los que no pueden porque no tienen documentos migratorios. No son ciudadanos.

Usted, que puede votar, representa a los 500.000 que protestaron en la Gran Marcha del 25 de marzo de 2006 en Los Ángeles. A los millones que lo hicieron aquel 1 de mayo en todo el país, en demanda de una solución a su insoportable situación migratoria. 

Y a los miles que, pese a creerse protegidos por órdenes judiciales de asilo y prevención de deportación, igual son detenidos en estos días, enviados a centros de detención y luego a sus países de origen o a terceros países, que desconocen.

Frenados pero todavía no derrotados, buscan la manera de expresarse que usted tiene y ellos no. Ciudadano, vote.

Porque votar no es la máxima expresión de su deber ciudadano: es la primera, el punto de origen para luego organizarse, es decir, asociarse a un grupo, partido o corriente ya existentes, o participar en crear algo nuevo.

En la democracia de Estados Unidos, la alternancia en el poder de solo dos partidos políticos llevó al florecimiento de numerosas organizaciones afiliadas, independientes y hasta rebeldes. Se dicen “partido político” pero oficialmente son solo facciones dentro de uno de los dos grandes partidos. 

Quizás piensen que si se aventuran a ser independientes, desaparecerán. Quizás tengan razón. Pero al menos una de estas agrupaciones tiene que ser para usted. Usted que puede escoger, escoja.

Porque al votar alivia la vergüenza que causan quienes se hicieron ciudadanos solo por los beneficios: la legalización migratoria de familiares, el asegurar que no lo deporten, gozar de Medicare o del Seguro Social. Y luego, no votan. Nunca votan, nunca. Eso es lo vergonzoso.

Porque votar significa también declararse estadounidense: en la participación está la semilla del cambio y su opción de demandarlo de otros.

Porque puede seguir amando a su país de origen: México, El Salvador, Cuba, Guatemala, Argentina, y todos los demás paises hermanos, y sin embargo al mismo tiempo, votar en Estados Unidos. Usted puede seguir añorando volver algún día a su pais de origen. Pero mientras viva aquí, vote! Es lo mínimo que se espera de usted a cambio de los derechos civiles y de las oportunidades—¡no diga que no!—que se le concedieron.

Porque quienes podemos ejercer el derecho a votar somos una minoría entre los habitantes del planeta. Los oprimidos, perseguidos, estigmatizados y humillados por pobreza, guerras y desesperanza, los que no votan porque no pueden son una enorme, aplastante y generalizada mayoría. 

Somos privilegiados entre aquellos para quienes votar y decidir es un sueño entre los barrotes de sus dictaduras. Ellos merecen que usted los respete así, votando.

Porque si usted puede votar y se agrega a quienes, sin embargo, no lo hacen por pereza, desinterés, poca fe o cinismo, usted alimenta los argumentos de quienes son hostiles a los inmigrantes, predican su expulsión y mancillan su honor.

Porque si usted cree que su derecho al voto es inalienable, se equivoca. En varios estados hay voluntarios que merodearán alrededor de las casillas de votación para ubicar a quien parezca latino y cuestionar ese derecho. El gobierno federal considera enviar tropas—soldados regulares, o guardias nacionales, o agentes de inmigración—a centros de votación para supuestamente prevenir fraude, causándolo. 

Es casi seguro que lo hará. Entonces, si usted fue inmigrante, si ya hizo todo el esfuerzo de venir aquí, trabajar, legalizarse, trabajar, hacerse ciudadano, trabajar, registrarse para votar, bueno, ahora vote. Así mejorará la educación, la economía, lo de la guerra con Irán y mucho más, todos temas de su interés.

Aquí en California sepa que “a todos los votantes registrados y activos de California se les ha enviado una boleta electoral con un sobre de devolución con franqueo pagado para las elecciones generales del 3 de noviembre de 2026”. Lo dice la Secretaria de Estado, Shirley Weber.

Por eso, por eso vaya y vote por sus intereses. Hágase respetar. Muéstreselo a sus hijos. Sentirá orgullo. 

Y no se haga. Tiene casi todo un mes. Pero hoy es hoy.

Votar no cuesta nada y da un beneficio que durará siempre. ¿Se entiende?

(Nota del autor: Esta columna fue publicada inicialmente en noviembre de 2006 en La Opinión, forma parte de mi libro Gente de Los Ángeles y se vuelve a publicar en www.hispanicla.com, levemente actualizada. Porque es vigente. Vale. Gabriel Lerner)

Gabriel Lerner es periodista y escritor con más de 30 años de trayectoria en el mercado hispano de EE.UU. Fue Editor en Jefe del diario La Opinión en Los Ángeles y editor de Latino Voices en el Huffington Post. Como fundador de HispanicLA.com, es un referente en análisis político y migratorio.

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