- La edil Nancy Benítez dio a conocer la Fiesta de los Fieles Difuntos 2025
Santa Cruz Xoxocotlán, Oax.-Aquí la muerte también es vida. “De las lunas de octubre, la última se convierte en camino de luz para recordar a quienes partieron y quiénes aún están”.
“Velas, copal y flores de cempasúchil transforman el paisaje de los hogares en un territorio sagrado donde la comunidad reafirma su identidad. No se trata de un espectáculo, sino de un acto vivo de resistencia cultural”.
Así lo manifestó la presidenta municipal, Nancy Natalia Benítez Zárate, en el panteón Mictlancíhualt, conocido coloquialmente como Panteón Nuevo.
El nombre, alude en la cosmovisión mesoamericana a la señora del inframundo, la de los muertos, y aquí, la edil dio a conocer el programa alusivo a la “Fiesta de los Fieles Difuntos Xoxocotlán 2025”.

Iniciará el próximo 30 de octubre y concluirá el 2 de noviembre. El 31 de octubre, “el pueblo entero se transforma en un altar colectivo durante la Velada”.
“Más que una tradición, es una expresión viva del sincretismo que define el Día de Fieles Difuntos en la cultura oaxaqueña; es la fusión entre las creencias indígenas sobre la vida y la muerte y los rituales católicos heredados de la colonización”.
La presidenta señaló que “se busca proteger la esencia de la festividad sin desplazar el protagonismo comunitario”.
La Fiesta de los Fieles Difuntos Xoxocotlán 2025, incluye concurso de altares, de tapetes de arena, adorno de tumbas antiguas, conciertos, comparsas, entre otras actividades.
Aquí, en esta comunidad recientemente elevada al rango de ciudad, el 1 y 2 de noviembre se realizan las tradicionales comparsas con la participación de todo el pueblo.
Niñas y niñas recorren primero las calles de la cabecera distrital disfrazados y bailando, luego van jóvenes y adultos que encabezan las comparsas que giran en torno a un ritual mezcla de drama, sátira y devoción.
Miguel Matías Avendaño, uno de los principales impulsores de las comparsas tradicionales, afirma que: “aquí las calles se convierten en lienzos colectivos donde el duelo se vuelve arte y se envía un mensaje al mundo: la muerte no tiene que doler en silencio. Puede gritarse con colores, celebrarse con música y vestirse de flores. Aquí, el dolor se sublima en tradición y la pérdida se convierte en poesía colectiva.
En Xoxocotlán, el Día de Muertos no sólo se recuerda, se vive, se baila y se dibuja en la tierra.


