Por Instituto de Politica Migratoria (MPI)
WASHINGTON, D.C. — Las nuevas administraciones del presidente estadounidense Donald Trump y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum han inaugurado una nueva era en la gestión migratoria y el estilo de sus relaciones bilaterales. La era previa de cooperación hemisférica en materia de controles migratorios y vías legales ha sido reemplazada por una estrategia estadounidense basada en deportaciones a gran escala y amenazas arancelarias. Sin embargo, cambios drásticos en los patrones de la migración en y a través de las Américas, así como desafíos regionales en torno a la integración de los inmigrantes y otros temas, recalcan un hecho fundamental: los gobiernos de Estados Unidos y México se necesitan mutuamente para lograr sus objetivos de política pública. Ningún país ha sido más crucial para los esfuerzos de control fronterizo de Estados Unidos que México, que en parte del 2024 registró más encuentros con migrantes en su territorio que la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
Una nueva nota de política pública del Instituto de Políticas Migratorias (MPI por sus siglas en inglés), publicada hoy, examina un período de migración cambiante en el hemisferio occidental que ha demostrado que ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede gestionar eficazmente por sí solo la migración a gran escala y las necesidades de protección humanitaria. Por primera vez, casi todos los países de las Américas enfrentan desafíos en la gestión de la migración, ya sea para asentar e integrar a los migrantes recién llegados o para gestionar el tránsito de migrantes a través de su territorio.
En Frente a una nueva realidad migratoria: Relaciones bilaterales e intereses compartidos entre EE. UU. y México, Ariel G. Ruiz Soto, Doris Meissner y Andrew Selee describen los cambios en los flujos de migración irregular y las tendencias de protección humanitaria que han acontecido en años recientes, así como el papel que la relación entre Estados Unidos y México ha desempeñado, y seguirá desempeñando, en respuesta a desafíos migratorios críticos.
Basada en entrevistas en profundidad y reuniones con políticos, investigadores y líderes de organizaciones internacionales y de la sociedad civil de Estados Unidos y México, la nota de política pública examina la incertidumbre regional sobre cómo mantener los niveles de cooperación existentes ante una creciente presión e intensificación de demandas por parte de Estados Unidos, especialmente si la migración irregular vuelve a repuntar en el futuro.
Para superar futuros desafíos en la gestión de la migración, argumentan los autores, México y Estados Unidos deberían trabajar juntos para:
- Establecer una infraestructura fronteriza transparente y compartida en la frontera entre México y Guatemala, con el apoyo de Estados Unidos, para gestionar la migración irregular y llevar a cabo evaluaciones de las necesidades laborales y de protección de migrantes en la frontera México-Guatemala y más allá.
- Combatir las organizaciones transnacionales de tráfico de migrantes utilizando estrategias que identifiquen e investiguen su financiamiento, las cuales han demostrado ser eficaces en investigaciones antiterroristas.
- Fortalecer las vías de migración laboral entre México y Estados Unidos para ayudar a satisfacer las necesidades laborales de Estados Unidos y reducir las presiones económicas que impulsan la emigración irregular en México.
Ya sean bajo un marco de control fronterizo y gestión migratoria o seguridad nacional, comprender los desafíos compartidos y la capacidad institucional en ambos países será crucial para las negociaciones y los objetivos bilaterales, y probablemente hemisféricos, a largo plazo.
Tal como escriben los autores, “A medida que las nuevas administraciones en la Ciudad de México y Washington, D.C., definen sus objetivos para el futuro, harían bien en promover sus respectivos intereses nacionales incorporando estrategias que aborden las complejidades más profundas de la migración irregular, consideren las lecciones aprendidas de anteriores modelos de colaboración y liderazgo hemisférico, y promuevan la migración a través de canales legales, seguros y ordenados”.

